35730660-1 Alas de agua: Capítulo 5 (Parte III)

11 de abril de 2013

Capítulo 5 (Parte III)

Elisa

-Me llevo mal con mis padres y pedí la emancipación a los 13 años. Desde entonces que vivo sola, pero decidí mudarme porque no me gustaba el clima de la ciudad.
Mientras hablábamos llegamos al supermercado ¨feliz¨. Curioso nombre para una tienda.
¿A que se referirá? ¿A lo felices que son al venderte algo, a lo felices que son al ganar dinero con lo vendido o a lo felices que son los clientes al comprar? Porque si es lo último... ¿no sería mejor decirse ¨supermercado triste¨, porqué es como se pone la gente cuando sale sin dinero del súper? Pero también puede ser que entras feliz porque sabes que tendrás lo que buscas. 
Definitivamente, un nombre curioso. 
Aunque no sabría decir si acertado. Mi mente seguía divagando entre nombres y demás cuando alguien me empujó.
-¡Vamos! Entra de una vez, ¡lenta! -era Sam, insistiendo en que entrara hacía dentro. 
Suspiro resignada y le digo a Lucy que Sam y yo vamos a mirar los ingredientes que quiere. Ella me responde que esperara cerca de la puerta con Héctor. Aclarado el asunto, arrastro al premio del año en idiotez suprema hasta el pasillo de comida.
-Bien. Dime, ¿qué quieres que cocine? -le cuestiono con una sonrisa. Él me mira algo avergonzado, parece que le va a costar decirme que le apetece.
-Pues... a mi me gustaría que... que... -balbucea él. Yo insisto y le digo que solo hace falta que me diga su ingrediente favorito o un plato que le encante.- ¡Me encanta la calabaza!
-¿La calabaza? No me lo esperaba. -estoy sorprendida, hubiera esperado cualquier otra cosa. ¡En fin! Yo encantada que esta muy rica y se me ocurren un montón de platos con ella.- ¡Genial! Primero cogeremos un par de ellas. Toma lleva tú la cesta. -vamos hacia la parte de las verduras y elijo dos que parecen grandes.- Ahora necesitamos huevos, harina, tomillo, algo de aceite... No espera, aceite ya hay en casa. ¿Qué más, qué más? Deja que piense... ¡ah! También patatas, algo de carne, algo de pasta para sopa... ¿Te vas acordando de todo, Sam? A ver, a ver... -le comento mientras elijo media docena de huevos.- Oye... sé que te dije que haría una gran cena solo para ti, pero nos va a sobra mucha comida ¿crees podríamos invitar a Lucy y a Héctor?
-Claro... que sí. -¿Es mi imaginación o se aleja poco a poco de mí? Seguro que quiere escaquearse de llevar la cesta, pues eso no lo voy a consentir. Con una sonrisa picara (sí, él no es el único que las sabe hacer) me acerco a él y me agarro a su brazo. Le llevo hasta las patatas y le miro a los ojos.- ¿Cuáles crees que serán mejores para un puré, Sam?
-Esto... ¡Y yo que sé! ¿Me has visto cara de dependiente? Elige cualquiera. –responde él apartando la vista de mí y mirando a los demás clientes. No entiendo porqué hace eso último y se lo pregunto directamente- Pues es... porque... cualquiera que nos vea... pensará que... somos... y sabes... Y claro no quiero... que la gente piense... cosas raras, ya sabes que esto es un pueblo donde los rumores corren más deprisa que la luz.
-Vaya... ¿acaso no quieres que sepan que vivimos juntos y que somos familia? -pregunto encuriosida por su respuesta. Él no responde, así que cojo una patata y me contesto a mi pregunta.- Bien, pues debes saber que las mejores patatas para hacer un puré son las patatas blancas.
-Y eso porque lo digas tú, tonta... -parece que tiene ganas de discutir hoy, pues vaya.
-No. Eso porque ese tipo de patata son más suaves y sirven para casi todo, en caso de que sobraran algunas. Verás, cuando quieres hacer purés, que necesitas mucha cantidad de ellas, lo mejor es coger de las grandes porque así es más fácil cuando tienes que pelarlas. -le explico mientras pongo algunas un una bolsa transparente, las peso en una báscula cercana y las coloco dentro de la cesta que lleva Sam.
-¡Perfecto! Ahora a por la harina. Me parece que también aprovecharé para comprar pan y algo de café. ¿Te apetece alguna cosa más, Sam?
-Helados.
-Está bien. ¡Marchando una de fríos helados! Ya tenemos harina, patatas, calabazas, huevos... Vamos a por el pan. 
Al cabo de media hora lo teníamos todo y nos dirigimos a la caja. Al final me gaste bastante, pero como la mayoría eran alimentos básicos los podría aprovechar para hacer comida otros días. Genial. Agradecí enormemente que me ayudaran todos con las bolsas, yo no hubiera podido cargar sola toda la compra. Llegamos a casa y dejamos todo en la cocina. Los eché a todos al comedor para poder hacer la comida sin tener que estar pendiente de que Sam no se cortara un dedo. Lucy se ofreció a ayudarme a cocinar y nos pusimos los delantales, que había comprado también en el súper, para no mancharnos. 
El mío era de color rosa pastel con muchos corazones de diferentes tamaños y formas de color rojo y unas letras a la altura del pecho en blanco con brillantitos plateados que ponían ¨Soy una herrera de emociones. Cuidado, cariño, ¡voy armada con una cocina!¨ y con un pequeño bolsillo justo debajo de estas. 
El de Lucy era de color miel con numerosas estrellas de cinco puntas de color amarillo de diferentes estilos y unas más grandes que otras y también tenía unas letras anaranjadas con brillantitos dorados que ponían ¨Soy la calma que precede a la tempestad. Aparta, cariño, ¡no te vaya a caer un rayo!¨, pero el suyo no tenía bolsillo.
-Sam. -le dije arremangando las mangas de mi uniforme nuevo.- Esta va a ser la mejor comida que has probado en tu vida, sí señor. Espero que te guste a ti también, Héctor. -añadí mirando los negros ojos del amigo de mi amigo. 
Me giré hacia Lucy, que estaba igual de motivada que yo, y le tomé las manos.
-¡Comienza la operación calabaza!
-¡Sí! -gritamos emocionadísimas alzando las manos Lucy y yo mientras ellos se iban a ver la televisión.
Que temblaran todos los grandes chefs, porque esa cena estaría para chuparse los dedos.