35730660-1 Alas de agua: Capítulo 3 (Parte I)

29 de diciembre de 2012

Capítulo 3 (Parte I)

Elisa

Supongo que me hubiera esperado cualquier otra historia relativa a sus padres. Ya sabes; que si están en casa de unos amigos, que si él ha ido a visitar a su abuelo solo, que si están trabajando o alguna cosa parecida. Pero la verdad de su pasado y de su presente me abrió los ojos a la triste realidad.
    Cuando crecí lo suficiente y después de varios años sin padres y sin explicación ninguna sobre ello, yo quise respuestas. Los padres de Sofía me dijeron que mis padres habían muerto (yo tenia tres añitos entonces) y me convertí en alguien muy positiva porque creía que nada en el mundo sería capaz de hacerme sufrir tanto como perder a mis padres, que no había nada peor que aquello. Pero todo este tiempo he estado equivocada, si lo hay. Aunque parezca mentira si hay algo peor que perder a tus padres siendo tan joven y esa es la verdad de Sam. Ciertamente no encuentro las palabras para describirlo así que dejare las palabras él que me ha dicho a mí.
-Yo... A mí me gustaría saber... ¿Por qué vives con tu abuelo? -le pregunte deseando establecer una conversación con él (y, porque negarlo, tenía curiosidad). 
Ahora pienso que debería haberlo preguntado con más delicadeza o más discretamente. Mi mirada curiosa le seguía todos los movimientos esperando una respuesta, pero su semblante se volvió tremendamente triste y comenzó a temblar ligeramente.
-Verás... Esto no lo sabe nadie pero... me gustaría que tú me escucharas, Elisa. -me miró directamente a los ojos. 
Sus ojos eran de un hermoso color gris azulado claro que se arremolinaba alrededor de su pupila, como si esta fuera una ventana hacia al cielo. Me fijé más en ellos, desprendían miles de emociones juntas y mezcladas pero, por encima de todas ellas, estaba la soledad. 
Parecía sufrir demasiado, así que respire hondo le indique que se sentara a mi lado y dije con mi mejor sonrisa...
-Cuéntamelo, si quieres. Yo te escucharé, Sam. -Al parecer mis palabras le dieron la fuerza que necesitaba para continuar.
-Cuando... cuando tenia seis años la hermana de mi madre, es decir mi tía, se casó. Pero resulto que su prometido era nativo de Hawai y decidieron celebrar la boda en la playa en la que se conocieron. Así pues viajamos toda la familia hacia allí para asistir a la ceremonia: mi abuela Paula, mi tía Helena, mi madre Melissa, mi padre Laurence y yo mismo. Excepto el abuelo, porque en aquel entonces le acababan de operar de la cadera y debía hacer reposo en el hospital. 
«Mi tía estaba preciosa con el vestido de novia, yo lleve los anillos. Fue una boda realmente hermosa celebrada en la playa con pocos invitados. Sencilla pero especial. Después de la celebración empezaron a lanzar cohetes y petardos para celebrar su feliz unión pero... yo era demasiado pequeño para los petardos así que me dieron algunas bengalas.» 
«Yo era un niño muy inquieto así que pronto se me acabaron y pedí permiso a mi madre para ir a la casa donde nos hospedábamos y buscar más. Y ella... ella... -yo notaba como le costaba hablar. Yo no lo entendía, parecía una historia preciosa. Hasta que continuo.- Ella... ella me dijo ¨esta bien, cariño. Pero ve con cuidado, parece que hace mucho viento.¨ Y yo... yo... salí corriendo hacia la casa diciéndole ¨vuelvo en 5 minutos, mamá. Espérame.¨» 
«Una vez llegué a la casa busque las bengalas por todas partes, hasta que recordé que estaban en el sótano y las cogí. Y entonces... la puerta se cerró de golpe y me quedé encerrado en aquel pequeño sótano. Grité y grité sin parar durante unos minutos mientras oía el viento en el exterior. Cansado de gritar me senté debajo de una de las mesas que guardaban allí a esperar que mamá volviese. Estaba solo y tenia mucho miedo, pero estaba convencido de que mamá volvería diciendo ¨Sam debes tener más cuidado, hombrecito.¨ Entonces me abrazaría y me diría que estaba preocupada y que me... me quería.» 
«De repente el suelo empezó a temblar y el techo empezaba a caer a trozos. Rápidamente me metí en un baúl de madera que estaba a mi lado y recé para que aquello fuera una pesadilla. Hacía frío, humedad, me sentía solo, todo estaba oscuro y nadie venia por mí. Al final, me acabé desmayando por falta de oxigeno y cuando desperté toda estaba en calma.» 
«Ningún ruido, ninguna luz.» 
«Solo oscuridad y más oscuridad.» 
«Oí un ruido como de algo chocando y decidí abrir el baúl. Y... y... estaba flotando en un gran charco de agua. Miré a mi alrededor; llovía, me estaba mojando. Pero no me importaba. Mis ojos no daban crédito a lo que veían, todo aquel hermoso paraje de bosques, casitas de madera, playas paradisiacas había desaparecido. Tan solo veía escombros, casas destruidas, playas sucias, barcos empotrados contra casas y todo completamente inundado.» 
«Corrí, corrí y corrí todo lo que mis pequeñas piernas me permitían y llegué a la playa donde estaban todos los invitados y... los busqué durante horas hasta que... hasta que... se me ocurrió mirar en la caseta donde mis tíos se habían dicho el ¨sí quiero¨. Y los vi... era horrible... era... era mi familia. Todos enterrados entre los escombros. Unos boca arriba, otros boca bajo pero... pero todos muertos. Corrí hacia mis padres deseando de nuevo que solo fuera una pesadilla y les puse la mano en el corazón.» 
«Estaban fríos, sus corazones ya no latían.» 
«Me quedé parado al lado de mi familia esperando que se levantaran todos y dijeran ¨¡es una broma, Sam!¨ Pero eso no sucedió. Tres horas más tarde los bomberos llegaron y me llevaron al hospital y, más tarde, al aeropuerto.»
«Al... al llegar a mi casa el abuelo me abrazo y me... me dijo ¨ahora solo quedamos tú y yo. Nos tenemos el uno al otro, yo cuidaré de ti, Sam¨. Cuatro años más tarde, cuando yo ya tenía 10, mi abuelo me explico que hubo un tsunami que los expertos de la zona no habían previsto. Resultó que todos se refugiaron en una caseta poco resistente, que cedió en cuando llegó el agua. Según me contó, fue un milagro que yo sobreviviese. Todo fue gracias a estar en un sótano y a que me escondí en un baúl hermético y el agua no entro, solo me arrastró. -acaba de explicar.»
Ahora lo entendía, él también estaba solo.
Y, en ese instante, supe que sí hay algo peor que tus padres mueran en un accidente de coche y es ser testigo de su muerte mientras tú te salvas milagrosamente.