35730660-1 Alas de agua: Prólogo (parte III)

4 de noviembre de 2012

Prólogo (parte III)

Me dirijo a mi habitación sola, aparto hacia un lado uno de los libros de mi estantería y se abre una puerta secreta. En realidad, no es casualidad que yo sepa que existe. Yo misma la mandé construir hace 4 años, cuando remodelaron mis aposentos y los reyes andaban demasiado ocupados como para darse cuenta. 
Nadie conoce su existencia. 
Recorro el estrecho pasillo iluminado por antorchas hasta llegar a mi destino, una de las rejillas que dan a la sala del consejo donde se esta llevando a cabo una reunión con todos sus miembros. 
El pasadizo secreto también llega hasta 3 Km lejos del castillo, a modo de escape en caso de que hubiera algún problema en palacio, me asegura mi supervivencia. Y para que veáis que soy muy previsora en él también hay una bolsa con comida, dinero para un año y ropaje que no rebelen mi condición de princesa.
Supongo que pensareis que es un poco exagerado pensar que tendremos algún problema que me obligará a escapar de tal forma, ocultando mi identidad, pero la verdad es que hace 4 años tuve un sueño muy extraño en el que me veía con ropa diferente, cargada con una mochila y huyendo de castillo. 
Entonces me centro en la conversación, esta hablando mi padre:
-Realmente es muy sospechoso, señor Trichoa. Su reciente adquisición de armamento mágico, es totalmente innecesario. –interesante, pienso. Padre esta regañando de forma poco sutil al duque.– Dado que no estamos en guerra, ¿a qué se debe?
-Pues verá, no esperaba que se diera cuenta tan pronto, pero supongo que no me queda más remedio que mostrarlo. –su tono sobre suficiente me pone los pelos de punta mientras veo como saca de uno de sus bolsillos un extraño frasco que contiene Tropil Alphametrer y... Un momento, ¿cómo se yo el nombre de ese extraño liquido azul con brillantitos? Ojalá pudiera acordarme del libro del cual he extraído esa información, porque de ese modo podría... 
¡Mierda! Lo recuerdo. Fue hace cuatro años, esa misma noche tuve el extraño sueño, miraba en la biblioteca un libro con el que entretenerme durante mis largas tardes y mañanas sola en palacio y encontré uno bastante viejo y que sugería varias horas de entretenimiento. Entonces lo abrí por una página al azar donde había una fotografía de un frasco exactamente igual a aquel y a su lado había unas anotaciones en italiano, cosa fácil de descifrar para mi, ponía:

Alphametrer Tropil estrarre. Questa pianta viene utilizzata da tempo immemorabile per rimuovere i nomi di coloro ai quali noi tutti condividiamo l'interno. L'unico modo per recuperare quello che hai perso, è quello di coniugare il sentimento più potente umana con la più grande virtù della royalty sull'eredità del l'ultimo milesius.

Que aproximadamente significa: ¨extracto de Tropil Alphametrer. Esta planta es usada desde tiempos inmemoriales para extraer de aquel a quien nombres lo que todos compartimos en el interior. El único modo de recuperar lo que perdiste, es combinar el más poderoso sentimiento humano con la mayor virtud de la realeza en el legado de la ultima milesia.¨ 
Que manera de complicarse la vida... ¿lo que todos compartimos en el interior? Piensa rápido, me replico. Eso es que yo también lo tengo así que... 
¡Ya lo tengo! 
Alma, eso es. 
Entonces, significa que con decir el nombre de alguien con eso en la mano puedes robarle el... 
¡No! ¡Tengo que intervenir ya!
Ni siquiera sé si pienso racionalmente mientras corro al máximo, salgo de mis aposentos y rezo todo lo que conozco para que no llegar demasiado tarde. Abro las puertas que dan a la cámara del consejo y lo veo. Todos los miembros del consejo, desde el más débil hasta el más fuerte, están en el suelo, mientras el maldito duque mantiene en alto una jaula de cristal llena de pequeñas luces.
-¡Noooooooo! –grito al ver como esta apunto que apuñalar a padre, que siempre fue muy lento en combate cara a cara.– Por favor, piedad. –sollozo desesperadamente en un intento que muy bien sé que será en vano.
-¡Ja, ja, ja! –se mofa el vil asesino en mi cara.– Pequeña princesita ingenua, ya es demasiado tarde. –Y entonces lo hace, le clava el cuchillo justo sobre el corazón de padre y dejando un rastro de sangre al retirarlo con fuerza.– Pero le he prometido a tu padre que no te mataré, deberías estar feliz por eso. ¿No deberías agradecérmelo?
Mi cuerpo casi no responde a las ordenes de mi cerebro, que parece que lo único que sabe hacer es soltar puñeteras lágrimas. Pero consigo insultar un poco al duque:
-Eres un... un... ¡asesino asqueroso! Mataste a mi padre. Loco depravado. –le suelto y le hubiera soltado todavía más, pero entre lágrima y lágrima me doy cuenta que padre quiere decirme algo y me acerco a él en un momento que el causante de mi dolor va a la puerta a recibir a alguien. Pero no presto atención.– ¿Dígame, padre?
-Tienes que salvar al pueblo, hija mía. Sálvalo de las garras del mal nacido de Gregory, solo tú podrás hacerlo. –dice en un susurro.
-No, no. Lo harás tu mismo cuando te recuperes y... –no puedo seguir, no puedo hablar más, la tristeza me desborda.
-Mi preciosa Lucianne, ya eres toda una mujer... -me dice él tomándome la mano con ternura y mirándome con esa mirada de padre orgulloso de sus hijos mientras sus ojos perdían vida.- Voy a morir, lo sé. Quiero que recuerdes estas palabras porque tienes que salvar nuestro pueblo... –para un segundo para toser sangre, su momento ha llegado. Espero paciente las ultimas palabras de mi padre, que seguramente recordare toda la vida.– Para devolver... la autentica paz al reino debes encontrar el sentimiento más puro que jamás existirá y, uniendo dos almas en un solo ser, crear la mayor fuente de poder del que procedemos todos. Te quiero, hija mía.
Silencio. Silencio. Silencio.
Demasiado silencio, incluso. Vale que padre ha muerto y que yo no sea capaz de hablar, pero no estaba sola. Me levanto y veo como amontonan junto a los otros cuerpos sin alma al de madre, pero ella, al igual que padre, ha sufrido un destino tan cruel como la muerte. Veo como se aproxima con una flor lila la esposa del duque y me ordena que la huela. Me juraron que no moriría, pero de todos modos obedezco porque ya me da igual todo. Siento que me mareo y caigo al suelo.
-Dulces sueños, princesa. –oigo de fondo una voz de mujer. 
Y todo se acaba. Y todo se vuelve negro para siempre.
Silencio. Silencio. Silencio.
Silencio mortal.